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martedì, 1 dicembre 2015
La Vanguardia

martedì, 1 dicembre 2015

La revuelta de los centuriones


el comisario extraordinario de roma ha prohibido los figurantes que acosan a los turistas




Puede parecer un oficio cutre, pero se dice que llegan a ganar hasta 300 euros al día. Siempre hay el turista despistado -o aquel rendido al tópico- que desea hacerse la foto con el centurión romano, delante del Coliseo. A menudo la broma no termina con humor. "¡Gratis, gratis, my friends!", gritan los figurantes, a modo de anzuelo. Luego exigen la consabida propina, y no se conforman con poco. A veces la negociación se torna agresiva y conlleva insultos y amenazas.,El nuevo comisario extraordinario de Roma, Francesco Paolo Tronca -que relevó al destituido alcalde, Ignazio Marino, tras la oleada de escándalos y la crisis de desgobierno-, firmó hace unos días una ordenanza por la que se prohíbe la presencia irregular, en lugares turísticos, de centuriones, gladiadores u otros individuos "con vestuario histórico". Se trata de una medida para "tutelar la seguridad ciudadana" y preservar "el decoro del patrimonio artístico, histórico y monumental de la ciudad". Hacía tiempo que se quería actuar contra el fenómeno. El inicio del jubileo extraordinario de la Misericordia, el 8 de diciembre, que incrementará aún más la afluencia a Roma, ha ayudado a tomar la decisión.,No sólo los centuriones se ven afectados por el intento de poner orden en la anárquica capital italiana. Tronca también ha prohibido los velocípedos (vehículos de pedales de tres o cuatro ruedas) que funcionaban -sin licencia ni control- como una especie de taxis, emulando a muchas ciudades asiáticas. Otro colectivo objeto de las nuevas normas es el de la legión de revendedores de entradas para algunos museos y lugares arqueológicos. Aquí les llaman los saltafile (saltacolas). Ofrecen billetes a un precio mucho más elevado con la promesa de que no será necesario hacer la larga cola. Según Tronca, se trata de una actividad "lesiva de los principios de leal competencia comercial".,El común denominador de las prohibiciones es mejorar la imagen de Roma y evitar el clásico sablazo, esa desagradable sensación de estafa que tienen muchos visitantes, ilusionados de estar en una de las urbes más bellas del mundo pero irritados por cómo intentan vaciarles el bolsillo, con malas artes. En el caso de los centuriones y los gladiadores, que suelen agarrarse demasiado a algunas jóvenes turistas y hacen el saludo fascista, ha habido episodios escandalosos con repercusión internacional. Así sucedió hace unos meses con un equipo de la televisión rumana. Pactaron la grabación de unas imágenes, por 30 euros. Después resultó que los emuladores del imperio exigían 100. En el rifirrafe, un centurión mostró los genitales a la cámara. Hubo de intervenir la policía.,En un país tan corporativista como Italia, era de esperar que los centuriones montaran en cólera y defendieran con uñas y dientes su negocio. El día después de la entrada en vigor de la prohibición hubo ya varias protestas espontáneas. A quienes desafiaron la ordenanza les cayó una multa de 400 euros.,"No se debe a nosotros la degradación de Roma -declaró Andrea Moscato, autoerigido en portavoz de los centuriones-. Los verdaderos ladrones son los de Mafia Capitale (el escándalo de corrupción y red criminal que ha golpeado Roma)". Otro colega se quejó de que se les está privando de su modus vivendi y se verán obligados a ir a los comedores de Cáritas. "Lo que da rabia es que haya por todas partes esta gente de Bangladesh (la mayoría, vendedores ambulantes sin permiso) y los gitanos, pero la toman con nosotros, que somos romanos", argumentó otro furioso centurión.,La asociación de consumidores Codacons respalda la ordenanza de Tronca. "Era necesario restablecer el orden y la legalidad en un sector caracterizado por la total ausencia de reglas, pero creemos que los figurantes y centuriones no deberían ser totalmente eliminados", dijo el presidente de la entidad, Carlo Rienzi. Cree que el Ayuntamiento de Roma debería crear espacios en los que los turistas tuvieran acceso a centuriones autorizados, que cobrarían una tarifa reglamentaria.,Si la iniciativa prospera, Roma recuperará el espectáculo kitsch de sus centuriones, aunque más domesticados y con IVA. Nunca será lo mismo.
eusebio val roma. corresponsal
 



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